7/12/15



LA LUCHA CONTINÚA … para todos

El populismo neoizquierdista de Cristina Fernández y el socialismo neomarxista venezolano han puesto de manifiesto por qué esos modelos políticos conllevan en su propia ideología y práctica el cerrar el camino de la oposición, sea prohibiéndola, sea manipulando el sistema electoral.

Tanto Cristina Fernández como Nicolás Maduro deben estar lamentándose el no haber cerrado más eficazmente la posibilidad de perder las elecciones en manos de la oposición. Los Castro en Cuba son el claro ejemplo de lo que hay que hacer para sostener en el tiempo regímenes como los mencionados.

Con los cambios, la oposición se enfrenta aun a más trabajo: al convertirse en oficialismos serán atacados aún con mayor virulencia por parte de los perdidosos. Primero, porque son malos perdedores. Segundo, porque caen en el patológico divorcio con la realidad ya que, como en tiempos de la Unión Soviética en que los opositores eran enviados a psiquiátricos porque solamente un loco podía estar en contra del sistema, los llevará como opositores a utilizar con mayor profundidad la mentira, la división, la exacerbación de los argumentos, la presentación a los ganadores de dilemas que ellos, en su tiempo, resolvieron sin prejuicio alguno.

No deben olvidar los ganadores que por lo que ganaron es por lo mismo por lo que serán demandados una vez que sus votantes se olviden del pasado. Una vez que los nuevos oficialismos modifiquen lo que les molestaba a sus votantes, éstos verán hacia adelante pero no necesariamente con recuerdos del pasado.

En Argentina, la mitad votó a Cristina a través de Scioli. Votó al modelo, al estilo de Cristina  que Scioli actuó tan fielmente. La mitad de la población no se ha sentido incómoda con la megacorrupción, con la mentira de la información oficial, con el megagasto público que pone al Estado en crisis, con pelearnos con casi todo el mundo, que se declame una cosa y que la realidad lo controvierta. Que intentaran imponer una hegemonía política e intelectual. Nada de esto ha sido tema para la mitad que votó a Scioli en Argentina y veremos qué ocurrirá cuando Maduro ponga la presidencia en juego.

De la otra mitad que se expresó en favor de cambios, hay una mitad que podría volver rápidamente a aquella otra mitad si las circunstancias económicas le resultan desfavorables. O unos pocos errores del nuevo generarán vergüenza en sus circunstanciales votantes.

¿Qué hubiera pasado en la elección argentina si Scioli no hubiera perdido la primera semana del ballotage en acomodar a toda su interna y hubiera salido con la campaña del miedo y la mentira que implementó avanzado el tiempo de campaña? Soy de los que piensan que hubiera ganado, por 2,80 puntos también, pero hubiera ganado.

En Venezuela, el triunfo opositor se da en el seno de la Asamblea Nacional. Esto implicará que Maduro continúe en el ejercicio del poder y lo continuará ejerciendo a como ha venido haciéndolo con el aliciente de que cuando ponga en juego la presidencia los resultados sean distintos. Una ardua lucha se abre en Venezuela y el Presidente multiplicará las chicanas de todo tipo. La revolución es mandatoria, está por encima de votaciones, deseos del pueblo, de la constitución y de lo que fuere. ¿Cambiará Maduro?

Y cabe la pregunta. Los votantes por la oposición, ¿qué votaron? ¿Contra el socialismo bolivariano o contra los abusos contra la oposición? Determinar esto determinará el curso de acción de la oposición parlamentaria: dentro del modelo o intentando cambiar el modelo.

La confrontación izquierdas y derechas continúa en América, al menos en Argentina y Venezuela con mayor claridad que en las otras naciones.  Pero también en Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

En Chile continúa con características más civilizadas en las que se respeta el modelo tan liberal de república democrática con absoluto respeto de la diversidad política.

Lo mismo en Uruguay. Con 3 presidencias de origen izquierdista que no han modificado el sistema básico constitucional, republicano, democrático y con presencia libre y respetuosa de las oposiciones. Uruguay comparte el campo político entre izquierdas y derechas. Brasil, lo mismo.

Bolivia y Ecuador muestran modelos de forzamiento de las instituciones políticas en favor del líder gobernante y no termina de modificar el sistema hacia un socialismo puro aunque sí hacia la permanencia eterna del líder carismático.

Argentina intentó forzar a la Constitución y al Poder Judicial con el propósito de eternizar “el modelo” y se fracasó, tal vez sobre la hora, pero fracasó. Venezuela contó con las ridículas presentaciones del Presidente Maduro que, finalmente, dejó de lado y reconoció la derrota. Son los extremos fracasados.

En el medio, Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia y Daniel Ortega en Nicaragua, vienen teniendo éxito en la imposición de modelos izquierdistas, populistas y de manipulación del sistema legal en favor propio y de sus movimientos aunque no llegan al modelo cubano ya que el contexto interno y externo no se los permite. En lo interno, se ha hecho cultura el modelo liberal constitucional de división de poderes (república), elección periódica de los gobernantes y parlamentarios (democracia) con respeto de la diversidad política aún antagónicas (libertades).

¿Aprenden los pueblos? Si la longevidad fuera eterna, tal vez, pero como la gente muere y los niños se convierten en jóvenes con sus propias claves, no existe tal aprendizaje salvo por el tiempo en que se solapan las generaciones. Cuando la nueva generación inunda a la sociedad, la economía, la política, ya hay nuevas perspectivas, sentimientos, sentidos y percepciones y todo vuelve a comenzar, sorprendiendo a quienes venían cómodamente en el poder.

Los triunfos de Macri y de la oposición venezolana no nacen para la eternidad. Deberán remar en dulce de leche para lograr una aceptación, al menos por un período más. El avance ideológico en los jóvenes es de tal magnitud que lo que venimos viendo es que las sociedades quedan divididas. Unos en el poder, otros en el llano y la alternancia se encuentra la vuelta de cualquier elección para cualquiera de los oferentes de felicidad para todas y para todos.

Por caso, los juramentos militantes de los diputados argentinos: por Néstor y por Cristina, por los caídos, por los que lucharon, todas consignas revolucionarias de militantes de un partido que renovó bancas en el Congreso Nacional. Y sus juramentos expresan a muchos otros jóvenes adoctrinados por años desde la escuela pública y los televisores regalados con los canales que convenían al gobierno lo que implicará su presencia en la política nacional por muchos años, sosteniendo la impronta de izquierdas y derechas.

América sigue dividida entre izquierdas y derechas.  Las hay más institucionales y las hay más revolucionarias o dictatoriales (para mí uno conlleva lo otro), lo que muestra un continente aún en pugna por esta división no resuelta desde los años 60s en que asomaron en nuestras naciones.

Por años, la cuestión será de generación en generación hasta que se convierta en una cultura en la que se mimeticen las características de cada uno en un sincretismo que sabe Dios cómo será. Ya no estaremos muchos que lo vivimos cercano al origen así que me libero de intentar una proyección. Soy de los que piensan que todo tiempo futuro será mejor aunque todo indique lo contrario. Por caso, el hecho de las uniones entre opositores para intentar poner fin a los neoTotalitarismos.


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