Lunes 21-9-09
¡Se viene la mordaza! Aprovechá a conocer ahora.
Un obrero, el dueño del avión que usaba Jaime
Preside la firma costarricense que es propietaria de la aeronave
Hugo Alconada Mon
El caso del avión de cuatro millones de dólares que usaba como propio el ex secretario de Transporte Ricardo Jaime no deja de arrojar curiosidades. No sólo porque la firma que figura como dueña de la aeronave es una sociedad costarricense, Pegasus Equity Invest- ment, sino que, además, su presidente es un obrero que gana US$ 400 por mes y vive en un barrio humilde de la capital de Costa Rica, San José.
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1176748
Desde NoticiasdeFondo pedimos lo mismo: ni homogeneización, ni pasteurización de las ideas, las opiniones y las noticias. Ni de los actos de gobierno, ni de los actos de los gobernantes. ¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!.
Bergoglio pide no homogeneizar las ideas
El presidente del Episcopado hizo una elíptica referencia a la discusión sobre los medios.
Recordó que Santiago Kovadloff, "uno de los grandes pensadores que tiene la Argentina", habló hace poco del riesgo de homogeneizar la palabra. … "Pero detrás de eso está el peor riesgo, la peor enfermedad -dijo Bergoglio-: homogeneizar el pensamiento, el autismo del intelecto, del pensamiento, que me lleva a concebir las cosas dentro de una burbuja". Sonó a una alusión a la candente discusión parlamentaria sobre la radiodifusión, a la que antes había aludido también monseñor Jorge Casaretto.
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1176848
"Está prosperando un pésimo sistema político"
Magdalena Ruiz Guiñazu reportea a Natalio Botana
—Yo diría que en esto hay dos momentos –reflexiona Botana–. La inspección fiscal envuelta en la obcecación y el grotesco que le hicieron al Grupo Clarín responde a una medida de apriete, de presión. Algo muy torpe porque creo que, en el fondo, lo que termina erosionando no es lo que ellos pretenden (que es erosionar al grupo periodístico que han tomado como enemigo) sino que termina, e insisto en el término, "erosionando" la ciudadanía fiscal que debe sostener el Estado democrático en la Argentina. Le explico: si la gente observa que la política fiscal de un gobierno es la extorsión a través de estos métodos, dará vuelta la cara y practicará la evasión y muchos otros vicios, que se han acumulado en la Argentina desde hace muchos años. Y si analizamos la Historia, recordamos también que la expropiación del diario La Prensa tuvo lugar durante el peronismo del primer ciclo que comenzó en 1946. El episodio de La Prensa ocurre cinco años después. Es decir, en 1951.
—¿Fue lisa y llanamente una expropiación?
—Sí. Y por ley del Congreso. En virtud de la cual el diario La Prensa pasó a manos de la Confederación General del Trabajo (CGT) para transformarse en un órgano de esa Confederación. Evidentemente, esto responde a un mundo ya hoy muy lejano en la Argentina que yo no desearía ver reaparecer. Es un mundo que en realidad ya comienza en la década del 30, subraya Botana; en aquellos años el periodismo tuvo un mal comportamiento cívico. Diría, un pésimo comportamiento cívico, para ser más exactos.
—¿Por qué?
—Le explico: hubo órganos de prensa (entre ellos Crítica) que crearon el ambiente propicio para el golpe de Estado que derrocó a Hipólito Yrigoyen y que ubicó en la presidencia a José Félix Uriburu. Posteriormente, en 1933, cuando ya gobernaba Agustín P. Justo había por cierto un Congreso (con una oposición socialista muy bien organizada y activa). Hubo entonces dos intentos de establecer leyes que fijaban delitos de prensa. Uno de ellos de Matías Sánchez Sorondo y otro de Alberto Espil. Los dos fracasaron. No prosperaron.
—¿Cómo eran esos proyectos? ¿A qué se debió su fracaso?
—Bueno, establecían la típica normativa de lo que es delito de prensa y lo que no lo es.
—¿Un control?
—Más que un control se trataba de establecer una normativa para que una persona, un individuo, actuara directamente sobre la Justicia en base a esa normativa. Yo diría que el gran problema argentino, un corte que se produce en el siglo XX, va a ocurrir más tarde, en 1943.
—¿La revolución que encabeza el general Ramírez?
—Sí. Es un golpe nacionalista, de inspiración católica ultramontana, muy estatista y que, por primera vez, establece un plan sistemático para controlar a la prensa. Se crea entonces la Subsecretaría de Información y Prensa y se prohiben algo así como 110 publicaciones. Es muy duro lo que ocurre a partir de aquel año 43 en el que no se expropian los grandes diarios pero simboliza el momento en el que se prohiben importantes órganos políticos como La Vanguardia del Partido Socialista, La Hora del Partido Comunista, Orientación, La Nueva Provincia. En total, 70 diarios. En 1951 será entonces Juan Domingo Perón quien va a formular un concepto que ha tenido una extraordinaria vigencia. Incluso diría que hoy, en Venezuela, el presidente Chávez lo suscribiría totalmente. Fíjese usted, en 1951, Perón dice lo siguiente: "La preparación de la opinión pública en un país soberano es parte de la soberanía que ejerce el gobierno". Con esto queda muy claro que lo que pretendía Perón era fabricar la opinión pública desde el Estado. Los resultados fueron… yo diría que espectaculares –sonríe Natalio–. Mire, en primer lugar crea la Secretaría de Prensa y Difusión que hereda aquella primera Subsecretaría ya creada en el golpe de Estado de 1943. Luego instrumenta el manejo del papel, algo absolutamente fundamental en aquella época en la que, como ya escribía Tocqueville en 1831: "La clave, el cemento, con el que se construye una sociedad libre y democrática, es la prensa escrita". Por consiguiente el manejo del papel era vital. La Argentina no fabricaba papel y por lo tanto la importación estaba en manos del Estado. Allí nace entonces la famosa cadena periodistica ALEA.
—Cuya sede se conservó hasta hace relativamente poco tiempo en Bouchard y Viamonte.
—Efectivamente. Y la cadena ALEA se convirtió en un formidable elemento de propaganda. Estaba integrada por los diarios La Razón, Democracia, El Laborista, La Epoca, Noticias Gráficas y Crítica. A esto hay que sumarle diarios del interior y las numerosas revistas que reunía la Editorial Haines (El Hogar, Mundo Argentino, etc). Todo este conjunto fue un extraordinario vehículo de propaganda para el régimen.
—Y fíjese usted qué interesante: el matrimonio hoy reinante tiene ahora amigos que comienzan a comprar medios, como en el caso de Electroingeniería que adquiere Radio del Plata y, según se comenta, otro grupo estaría interesado en Radio Rivadavia.
—Lo que usted dice está bien pero yo establecería una distinción que me parece muy importante: en el primer peronismo queda muy claro que la orientación estaba dirigida hacia la estatización sistemática de la información. Yo la llamaría la orientación madre, puesto que logra, en el caso de ALEA que mencionamos recién, que esta cadena tuviera 13 editoriales, 17 diarios, 10 revistas, 40 radios y el único canal de TV que existía entonces. Es decir, Canal 7. Y con toda esta enumeración llegamos entonces nuevamente a 1951 en el que la ley de la que acabamos de hablar corona su propósito con la expropiación del diario La Prensa. Sin dudas, una estrategia extraordinariamente hábil para controlar los medios de comunicación. Algo que nunca se había visto en la Argentina. Es muy difícil, por otra parte, encontrar un ejemplo semejante en América latina salvo, quizás, en la Cuba de Fidel Castro.
Mientras cae la tarde, el Dr. Botana sigue analizando el presente:
—Yo diría que hoy, ahora, no se trata de estatizar sino de construir una suerte de imperio informativo a través de lo que se llama capitalismo de amigos o capitalismo prebendario. Es decir, grupos adictos al Gobierno que, a su vez, son apoyados de algun modo (directa o indirectamente) por ese mismo gobierno, y que actúan como agentes para apropiarse de medios de comunicación y servir así al Estado. Algo como lo que se intentó (sin éxito) con Repsol YPF.
—¿Ese sería entonces el modelo que está actualmente en juego?
—Me parece que sí y, en mi opinión, no va a tener (como diríamos en términos aeronáuticos) mucho "plafond". Mi impresión es que la sociedad argentina no es la misma con la que gobernó Perón. Ha cambiado muchísimo, es más compleja y los medios de comunicación hacen que vivamos la explosión de la comunicación mientras que los Estados autoritarios y totalitarios del siglo XX en el fondo actuaban exclusivamente sobre unos pocos diarios y también, en términos comparativos, unas pocas radios. La expansión hoy es tan grande que, aunque existan las inclinaciones y las intenciones, va a ser muy difícil proceder a un control de este tipo. Lo que sí puede ocurrir es un descalabro.
—Descríbame el descalabro, por favor.
—Supongamos que el oficialismo haga gala de la misma disciplina parlamentaria que tuvo cuando se votaron la renovación de los poderes delegados. Supongamos, entonces que, efectivamente, este proyecto de ley sin mayores modificaciones, respetando lo que ellos llaman "el núcleo duro" del proyecto de ley, se vota en ambas cámaras. Yo creo que ahí entraríamos en un período de franca inestabilidad jurídica y en un período en el que estaríamos (la opinión pública en general) muy dependientes de la reglamentación que lleve a cabo el Poder Ejecutivo. Es obvio, también, que el nuevo Congreso que asumirá el 10 de diciembre recién empezaría, en rigor, a actuar en sesiones ordinarias, en el mes de marzo. Esto es algo que, me parece, no se advierte.
…
—¿Podría definirse este gobierno como una democracia autoritaria?
—No todavía. Yo llamaría "democracia autoritaria" o con elementos autoritarios a la que, en este momento, se está forjando en Venezuela, en Nicaragua. Algo menos en Ecuador y en Bolivia, aun cuando, en Ecuador, notamos algunas señales en este sentido. Yo creo que lo que hay en el Poder Ejecutivo argentino del actual gobierno es una intención hegemónica muy grande contrarrestada por una sociedad que no la acepta. Esta es la paradoja que nos cuesta tanto trabajo superar y que nos significa un enorme desperdicio de recursos. Quieren pero no pueden. Y ese querer y no poder se genera en un espacio, en un tiempo, en el cual los embates son muy duros, las peleas insoportables y todo esto significa que estamos perdiendo tiempo en la legislación y en la política fundamental para afrontar a una Argentina que tiene gravísimas deficiencias. Y le doy los datos: el primero es el aumento de las desigualdades que, con toda razón, la Iglesia católica ha definido como un escándalo. El segundo es que el motor que mueve la economía en estos comienzos del siglo XXI es lo que se llama la inversión extranjera directa. Es muy triste señalar esto, pero la Argentina está totalmente relegada en ese proceso. Brasil ocupa el primer lugar en el ranking; el segundo, México y el tercero, Chile. En cuarto lugar aparece Perú y la Argentina está peleando el quinto lugar con Colombia. Estos son signos ostensibles de declinación y me causan una gran preocupación. Personalmente creo que estas cosas van a tener que reajustarse de alguna manera. Pero lo que sí está prosperando es un pésimo sistema de gobierno, un pésimo sistema político que, en el fondo, está haciendo pagar los platos rotos a los sectores más desfavorecidos de la sociedad. Este proceso que estamos viviendo ¿a quién perjudica? La economía no crece y estamos con niveles de inflación que deben girar en torno al 15% anual, ¿a quién perjudica entonces? A ese sector inmenso de la sociedad que trabaja informalmente y en el cual la mayor parte del ingreso se aplica a comprar alimentos. Ahí es donde se producen los aumentos más ostensibles. Aquí hay un problema de fondo que me preocupa enormemente.
…
—¿Cuál es la raíz de su preocupación?
—Daría la impresión de que, a los tropezones, siempre caemos en lo mismo. No entendemos cuáles son las reglas fundamentales del progreso y de la convivencia democrática.
—Cuando usted habla de convivencia democrática, por ejemplo, en aquel voto del Congreso Nacional que en 1951 "legitima" la expropiación del diario "La Prensa", ¿qué fundamentos esgrimían?
—Yo diría que los fundamentos están en los conceptos de Perón que acabamos de mencionar: la preparación de la opinión pública, según él, es parte de la soberanía que ejerce el gobierno. Es un concepto muy complicado porque son gobiernos (me refiero al primer peronismo, al chavismo en la actualidad) fundados en una legitimidad democrática de origen muy fuerte (a Perón lo votaba más del 60% en las elecciones de 1951) que no conciben los límites constitucionales que debe tener la legitimidad de ejercicio de la democracia. Entonces, esta contradicción es la que nos lleva a conceptos autoritarios de la democracia. Esta contradicción todavía no se ha instalado en la Argentina pero parecería que no terminamos de decidirnos por uno u otro sistema. Entonces, la debilidad institucional, la insuficiencia institucional, lo que se ha hecho este año para adelantar elecciones o votar candidatos testimoniales, es un desperdicio gigantesco.
—¿Las candidaturas virtuales son moralmente aceptables?
—No, y yo desearía fervientemente que este caso llegue a la Corte como ha señalado el voto en disidencia de Alberto Dalla Via en la Cámara Nacional Electoral que indica que realmente no sólo es inaceptable desde el punto de vista moral sino que también es inaceptable desde el punto de vista jurídico. Por ejemplo, esto plantea problemas jurídicos con Sergio Massa que se ha ido a trabajar como intendente de Tigre y, desde luego, el gran problema que se plantea es el de Daniel Scioli gobernador de la Provincia de Bs. As. Son cosas aceptables en algunos países.
—¿Por ejemplo?
—En Francia es aceptable que un alcalde de una ciudad o de un pueblo sea miembro del Parlamento. Pero eso es aceptable desde el punto de vista jurídico. Está establecido que jurídicamente es así. Aquí no estaba establecido y entonces, constantemente, seguimos pisoteando y manipulando las instituciones y el resultado está a la vista. La calidad del gobierno argentino es cada vez peor. Pero sería fácil achacarle la responsabilidad sólo a este gobierno. Lamento decir que ésta es una acumulación de vicios, de mala praxis que han hecho que la Argentina pierda constantemente relevancia. Hoy somos un país irrelevante mucho más por razones políticas que por razones económicas. Es la política la que ha llevado a la Argentina a este nivel de declinación.
—El autoritarismo.
—Sí, es cierto pero combinado con los valores que se están ejerciendo a través de la política.
—Y volviendo al caso del diario "La Prensa" ¿cómo regresa a sus dueños?
—A través de un juicio muy interesante para reaparecer, después de la Revolución Libertadora, en 1955. Hubo entonces un proceso de devolución que culminó durante el gobierno del presidente Frondizi. Sin embargo, en 1974, con el "segundo peronismo" del gobierno de Isabel Martínez de Perón se produce un retroceso en este sentido que culmina con la estatización de todos los canales de televisión. Todo esto significa un retroceso muy grande que se le sirve luego, en bandeja, en 1976, al gobierno del Proceso de Reorganización Nacional, nada menos que a la dictadura militar.
http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0402/articulo.php?art=16976&ed=0402
Artículo de recontrafondo
Caminando hacia un mundo sin libertad
Por Joaquín Morales Solá
Nadie oyó la opinión electoral de los argentinos expresada hace apenas tres meses. Un ex presidente gobierna sólo porque considera el poder democrático un bien conyugal. El vicepresidente de la República, que llegó al cargo como aliado del partido gobernante, se ha hecho cargo de la jefatura fáctica de la oposición. Nada está en su lugar cuando los que mandan resuelven nada menos que sobre la libertad.
Las excentricidades son aún más amplias. Los socialistas rompieron rampantes un reciente acuerdo electoral y, peor aún, decidieron ignorar una clara violación del reglamento de la Cámara de Diputados. La nueva izquierda de Pino Solanas quebró su flamante contrato electoral con la sociedad (sectores capitalinos la votaron como una variante innovadora de la oposición al kirchnerismo) y tampoco reparó en que el camino es tan importante como el objetivo final para las instituciones de la democracia.
El gobernador de Chubut, Mario Das Neves, se propuso, el día después de las pasadas elecciones, como una alternativa presidencial a los Kirchner. No perdió oportunidad de vapulearlos con una oratoria de fascinado opositor. Pero sus legisladores nacionales votaron al lado del kirchnerismo todas las veces que éste los requirió en cuestiones esenciales. Las vertientes de la centroizquierda, que en su momento llegaron a la Cámara de Diputados con la propuesta opositora de Elisa Carrió, volvieron a acompañar al kirchnerismo sin reparar ni reprochar la poca calidad de los métodos.
Todos ellos hicieron posible el triunfo del proyecto oficialista sobre los medios audiovisuales en la Cámara de Diputados. Cualquier opinión es legítima, pero no cualquier método es legítimo y legal. La oposición, peronista o no peronista, parece desintegrarse ante el fuego intenso de un poder devastador y desprejuiciado.
Néstor Kirchner avanza, es cierto, y lo hace esta vez sobre cuestiones tan sensibles como la libertad de expresión y otros derechos y garantías constitucionales. Ni la República ni la Constitución frecuentaron nunca sus decisiones de gobernante. Pero el transfuguismo político de algunos explica en parte las conquistas del ex presidente. Otra parte de la explicación posible se encuentra en una sociedad desmoralizada, anestesiada y también resignada.
Una enorme mayoría social no quiere a los Kirchner, pero hasta esos sectores suponen que ya todo es inevitable en una Argentina cooptada por líderes caprichosos y mandones exitosos. La libertad de expresión es el derecho de la gente común a conocer las cosas que el poder esconde. Grandes sectores sociales reaccionan, sin embargo, como espectadores de un partido jugado por otros. ¿Cómo un hombre como Kirchner, con una monumental voluntad de poder, no podría en semejante contexto reconstruirse desde la ruina? Lo ha hecho, aunque tal vez está preparando también un largo y abusivo proceso político de conflictos y de escándalos.
Hasta podría decirse que Kirchner se llevó el trofeo de haber roto el Acuerdo Cívico y Social, la coalición de radicales, socialistas y la Coalición Cívica que empató las elecciones nacionales con el oficialismo el 28 de junio último. Esa alianza murió el miércoles pasado, pero fue una obra de sus dirigentes y no de Kirchner. El más importante líder socialista, el gobernador Hermes Binner, hizo lo que él mismo le recriminaba a Carlos Reutemann y que éste no hizo: estar más cerca de los Kirchner que de sus promesas opositoras.
Esa coalición había comenzado a resquebrajarse cuando Carrió anunció que jamás votaría por Cobos. En el fondo, la líder de la Coalición Cívica nunca dejó de ver en Cobos a un conspirador dentro del Gobierno; Carrió detesta la sola idea de un complot para derrumbar a los Kirchner e instalar a Cobos en la Casa Rosada. Sería la solución perfecta para el peronismo. Sería una víctima que, encima, le pasará a un no peronista todos los zafarranchos del kirchnerismo , suele decir.
Cobos es una extraña figura en la política argentina, que mezcla un rol institucional clave con un importante protagonismo político. El límite es impreciso y, a veces, muy arriesgado. El viernes, Cobos dio un manifiesto sobre cómo debería ser el tratamiento senatorial del proyecto sobre la ley de medios. Fue un documento sólo electoral. Ya antes, los dos bloques mayoritarios, el peronismo y el radicalismo, habían acordado que el proyecto pasaría por cuatro comisiones; ni las módicas dos que quería el Gobierno ni las cinco a las que aspiraba Cobos. El número acordado se acerca más al de Cobos que al del oficialismo.
¿Por qué el Senado puede alcanzar esos acuerdos que son imposibles entre los diputados? Desde que la República existe, el Senado se preocupa antes que nada de una cosa: de ser diferente de ese conglomerado caótico, maleducado y chapucero que es la Cámara de Diputados. Es muy probable que el proyecto aprobado en Diputados, tan lleno de imperfecciones y de amenazas autoritarias, sea modificado por el Senado y devuelto a la Cámara baja.
Uno de los artículos que podrían cambiar es el que les fija sólo un año a los multimedios preexistentes para que desguacen sus propiedades. Dicen que ese artículo habría caído en la Cámara de Diputados si la oposición no se hubiera ausentado en el momento de la votación. La aritmética parlamentaria respalda esa teoría. Pero ¿habrían votado igual los oficialistas y los aliados si hubieran visto en peligro al Gobierno? La oposición tiene, además, un argumento sólido: sus legisladores abandonaron la sesión para vaciarla de legitimidad. ¿Cómo podían saber ellos, además, la manera de votar del resto de los diputados si todos fueron empujados a empellones hacia una reunión urgente y antirreglamentaria?
La oposición senatorial aspira también a cambiar el artículo que dispone sobre el futuro organismo de control, que quedaría en manos del Gobierno. Nunca es bueno que la libertad de expresión sea tutelada por quienes están en el poder, pero es lo que quiere el kirchnerismo. Podría haber imaginado un proyecto abierto a las inversiones tecnológicas y a una mayor competencia entre medios de comunicación, libres e independientes. No. El kirchnerismo profundizó su egoísmo: ordenó desguazar lo que existe para poner en manos del Gobierno los despojos que quedarán de semejante destrucción.
Piensa también en los amigos del poder más que en la sociedad. Por eso, no incluyó en el proyecto la prohibición de que los empresarios de medios audiovisuales no deberían ser, al mismo tiempo, dueños de empresas con negocios vinculados con el Estado, como licenciatarias de concesiones o beneficiarias de contratos de obras públicas. El periodismo es en esos casos la primera victima.
Hay un permanente choque entre la palabra y los actos. La supuesta democratización de los medios audiovisuales concluirá con una dantesca fragmentación y la consiguiente debilidad del periodismo de radio y televisión. La Presidenta anunció pomposamente un proyecto para despenalizar los delitos de calumnias e injurias, pero uno de los máximos jefes de hecho de la SIE (ex SIDE), Antonio Stiuso, que depende directamente de ella, no levantó la persecución judicial a periodistas, entre ellos, dos directivos de LA NACION, por el supuesto delito de calumnias e injurias.
Palabras borradas por las acciones. Esa es la contradicción que no supieron ver ni siquiera los que coinciden legítimamente con el proyecto oficial de radiodifusión. ¿Democratizar los medios de comunicación? ¿Quién lo hará? Lo hará un gobierno que ha intervenido los teléfonos y los e-mails de los periodistas, y que ha castigado, difamado y censurado cuando pudo al periodismo independiente. La peor consecuencia de estas sucesivas regresiones ocurre cuando todos, sociedad y dirigentes, se terminan acostumbrando a un mundo sin libertad.
Comentarios
Publicar un comentario
Debate, todo el que quieras presentar. Insultos, a otros medios por favor ya que lo eliminaremos